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La pujanza de China, que será líder mundial del PIB en 2018, colisiona con la falta de libertad
Rita Álvarez Tudela - Lunes, 24 de Enero de 2011 - Actualizado a las 05:48h
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Hu Jintao y Obama, la semana pasada en Washington. (Foto: afp)
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LA semana que acaba de cerrarse ha sido la gran semana de China. Y no solo porque la visita de Hu Jintao a Estados Unidos, donde ha recibido el tratamiento de los grandes líderes, ha confirmado al gigante asiático como superpotencia mundial a nivel político y militar. Ha habido más, mucho más. Estos días se ha sabido que China creció en 2010 al 10,3%, un milagro. Unas cifras disparatadas e inimaginables hoy en Occidente; que en apenas siete años, en 2018, será la primera economía mundial; o que ya es el tercer destino turístico mundial (por delante ya de España y por detrás solo de Estados Unidos y Francia).
Sin embargo, algo chirría más allá de la Gran Muralla: las conquistas democráticas ni siquiera están en pañales, y son la asignatura pendiente de un país que también se sitúa a la cabeza de presos políticos y ejecuciones, por citar solo algunos de las muchas violaciones estatales de derechos humanos.
La pujanza de su economía, que también ofrece algunas sombras estructurales, borra cualquier recelo cuando el país con mayores reservas de divisas del mundo viaja a la capital virtual de Occidente para estrechar lazos políticos y económicos con el también máximo representante de su modelo económico antagónico.
La tarjeta de visita de Hu Jintao ha sido las cifras de crecimiento económico de dos dígitos. Y eso, a pesar de la lucha del Gobierno chino para que no se produjera un calentamiento de su economía, un intento que fracasó. El PIB creció el año pasado casi dos puntos por encima de lo deseado por sus mandatarios, hasta alcanzar los 6,05 billones de dólares.
Según el director del Buró Nacional de Estadísticas (BNE), Ma Jiantang, "el año pasado, China consolidó e impulsó su recuperación de la crisis económica global y la economía nacional. En general, está funcionando bien".
Durante la presentación de las cifras oficiales, Ma añadió que el país "se encuentra en un momento clave para convertir la recuperación económica en crecimiento estable", tras haber superado a Japón como segunda potencia económica mundial. El valor añadido del sector primario chino alcanzó los 4,05 billones de yuanes en 2010, un 4,3% más que el año anterior. Por su parte, el sector industrial llegó a los 18,6 billones de yuanes, un incremento del 12,2% interanual. El sector servicios, por su parte, creció un 9,5% hasta alcanzar los 17,1 billones de yuanes.
asignaturas pendientes
Tensión inflacionista y escasa apuesta por la innovación
Esos crecimientos conllevan tensiones inflacionistas, con un IPC por encima del 4%. Pero el vicedirector del Departamento de Previsión Económica del Centro de Información del Estado, Zhu Baoliang, en declaraciones recogidas por la agencia china Xinhua, se mostró seguro al estimar que el crecimiento económico se ralentizará en 2011 debido al cambio de las políticas monetarias del gobierno destinadas precisamente a combatir la escalada de precios.
China ya es el tercer destino turísitco del planeta tras recibir en 2010 a 56 millones de visitantes, frente a los 53 millones de España, desplazándole del podio y colocándose sólo por detrás de Francia y Estados Unidos, según la Organización Mundial de Turismo (OMT). Además, según un estudio de PricewaterhouseCooper(PwC), China se convertirá en la mayor economía del planeta en 2018, haciendo patente el ascenso y poder de los países emergentes en la economía mundial durante la crisis financiera, que llegarán incluso a tener una dimensión superior a los pertenecientes al G7 (formado por las naciones más industrializadas) en el año 2017.
El mundo en 2050, es el título del informe llevado a cabo por PwC, que calcula el peso de las 22 mayores economías del planeta por paridad de poder adquisitivo y el PIB a precios de mercado. PwC pronostica el liderazgo de China dentro de siete años y todo ello, advierte, pese al freno que supone la política de "hijo único" aplicada en los últimos 30 años para la actividad productiva nacional o la actual política industrial de imitación frente al desarrollo de la innovación. Pronostica también que en el año 2050 la economía china será un 57% superior a la estadounidense.
Sin embargo, el analista y profesor de la Academia China de Ciencias Sociales, Yi Xianrong, en una entrevista concedida a DEIA, subraya que este tipo de estudios no es "significativo e importante ya que por lo general el ranking está basado en las cifras del PIB, que en China está creciendo de forma estable en los últimos años".
Para Yi, todavía queda un largo camino por recorrer para llegar al PIB per cápita de países desarrollados como Japón y EEUU, por lo que se deben poner más esfuerzos en el ajuste de la estructura económica y la mejora del bienestar público.
comercio exterior
Una economía esclava de sus exportaciones
Además, este estudioso también hace referencia a las exportaciones chinas, que en 2010 crecieron el 31,3% y se situaron en 1,58 billones de dólares, mientras que las importaciones chinas se situaron en el 38,7% hasta llegar a los 1,39 billones de dólares, proporcionando unos ingresos aduaneros de 189.900 millones de dólares.
"Aunque China es el número uno en exportaciones en el mundo tras superar a Alemania, debemos considerar la contribución de estas al crecimiento económico. Debemos hacer nuestros productos más innovadores y cualificados para satisfacer la demanda internacional, y no centrarnos solo en la lucha de precios. Además, el desarrollo de la economía china depende en su mayor parte de la exportación, por lo que el Gobierno chino debe reajustar la estructura económica para reequilibrar todos los sectores económicos", puntualiza Yi.
Y es que aunque muchos califican 2010 como "extraordinario" para el desarrollo de China, estos solo citan retos como las complicadas condiciones económicas domésticas e internacionales o los desastres naturales. Sin embargo, nada dicen de otros desafíos pendientes como los avances en la libertad de expresión, en la censura, en el respeto a los derechos humanos o en la reducción del número de condenados a pena de muerte en el gigante asiático.
Son aspectos que no cotizan en el terreno económico. Ni inquietan a los directivos de las empresas que hacen negocios con China. Tampoco a los gobiernos.
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