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* Rep. de Aralar en el Consejo de Dirección de Emakunde y portavoz parlamentaria de Aralar, respectivamente, por Maribel Castelló y Aintzane Ezenarro - Sábado, 20 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 08:06h
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eSTE último 18 de febrero se han cumplido cinco años de la aprobación de la Ley para la Igualdad de mujeres y hombres de la CAPV. Se puede decir que es una ley joven, cinco años, ciertamente, no son muchos, y en consecuencia, se podría entender que en su corta andadura las deficiencias en su aplicación fueran en alguna medida justificables en base a su juventud.
Pero, a nuestro entender, estas deficiencias no se deben a sus más o menos años sino a una falta de compromiso real de quienes son responsables de cumplirla y hacerla cumplir.
Hace cinco años, tras su aprobación, Aralar daba la bienvenida a la ley, porque entendíamos que aun no siendo la ley que nosotros/as hubiéramos propuesto, era una ley necesaria. Pero sí advertíamos que nos parecía imprescindible que se cumpliera y se hiciese cumplir en todos sus términos.
A nuestro entender, las insuficiencias de la ley se podían mejorar, pero lo que nos jugábamos con su aplicación cicatera y tramposa era la credibilidad de la propia ley y eso era, y es, muy preocupante a nuestro juicio.
Precisamente, el valor que tiene su aprobación, más allá de sus textos, es que se entienda como un verdadero compromiso de todas las instituciones por la lucha en la consecución de la igualdad real. Nos preocupaba entonces, y nos preocupa ahora, que eso no haya sido así. Nos preocupa la falta de sensibilidad de quienes tienen que aplicarla, la falta de medidas coercitivas dirigidas a los cargos públicos o de designación política que la incumplen, la falta de concreción, la apuesta por el leisse faire que se refleja en el V y último Plan de Igualdad, el espejismo de igualdad que esto produce y la persistencia, en consecuencia, de las inercias sociales que generan.
El mundo del feminismo sabe muy bien, por experiencia propia, lo que significa en la lucha por la igualdad dejar a voluntad o libre albedrío de cada cual estas cuestiones. Más en política.
Una Ley de Igualdad ambiciosa en su cumplimiento debe de ser entendida como una condición esencial en la democracia, un bien común, una afirmación de la ciudadanía, y quienes no la elevan a ese rango y la circunscriben a un "asunto de mujeres", a una reivindicación minoritaria sin serlo, están construyendo una sociedad deficitaria democráticamente hablando.
El valor de la ley, más allá de sus textos, es que se entendía como un verdadero compromiso de todas las instituciones
Se está produciendo una situación de desamparo, en estos momentos se recibe un mensaje a las demandas deficiente y lamentabl
En estos momentos, además de todo lo expuesto anteriormente, se está produciendo una situación de desamparo con relación a las personas que acudieron a la Defensoría de Igualdad, que aunque sean atendidas por Emakunde, como no podía ser de otra manera, han recibido de la administración pública un mensaje en relación a sus demandas de igualdad ciertamente deficiente y lamentable.
No se puede poner en marcha un servicio como el de la Defensoría y abandonarlo sine die y sin más explicaciones que la de "estamos de reflexión". Esto es un paso atrás y muy grave.
Otra cuestión de carácter urgente es el necesario empoderamiento de las mujeres. Está muy claro. Sigue sin existir igualdad en el acceso a puestos de decisión, tanto políticos como económicos, y estamos lejos de alcanzar la corresponsabilidad entre mujeres y hombres. No repetiremos que también estas cuestiones son derivadas de la falta de compromiso político. Se debe de dar ejemplo. No se puede nombrar un consejo de sabios que asesorará al lehendakari Patxi López donde las mujeres no aparecen y hacer una soflama a favor de la igualdad al día siguiente.
Todas las instancias públicas y privadas tienen que ser cómplices en la lucha por la igualdad. El mensaje debe ser muy claro, muy preciso y, sólo en ese caso, el mensaje a enviar a la ciudadanía será el adecuado.
Nos jugamos mucho como sociedad a la hora de cómo liderar el cambio necesario para conseguirlo. Nos jugamos la democracia.
La lucha por la igualdad es la lucha por la innovación social, además de ser el único principio que asegura la modernización de un país. Y semejante reto exige la democratización de todos los espacios de poder, de saber y de decisión.
Nos falta mucho camino, es cierto. No hay más que leer la prensa todos los días para encontrarnos con las consecuencias de la falta de igualdad de las mujeres, de su falta de condición de ciudadanas, del sufrimiento que produce el machismo, de la grave lacra de la violencia…
Es en ese sentido en el que Aralar quiere que se desarrolle la Ley de Igualdad y en el que impulsaremos y apoyaremos lealmente todas aquellas propuestas que lo dirijan a ese imprescindible objetivo.
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Gracias por su comentario
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