Publicidad
[Entrar | Registrarse]
Publicidad
En la moda se ha vuelto a la década de los 80. En decoración, lo "vintage" es lo último. Y en el mercado de los videojuegos, lo retro vueleve a ser divertido. Por eso, el publicista bilbaino Jon Cortazar, ha programado un juego para MSX y Spectrum.
El mercado de videojuegos retro mueve a miles de personas. Ahora, Jon Cortazar ofrece a los seguidores de estos sistemas un nuevo título con el que viajar a la niñez, "La corona encantada"
Tamara de la Rosa
votos
comentarios
compartir (¿qué es esto?)
Jon Cortazar posa en su casa, su museo de ordenadores y videoconsolas antiguas. (R.Zarrabeitia)
Vista:
Aquel día estaba sentado frente a su ordenador MSX. En la pantalla, Abu Simbel profanation, su primer videojuego. La imagen estaba congelada. Inerte. Él, expectante. Emocionado. Ansioso. Esperaba inquieto a escuchar el sonido de la puerta de su casa, un indicador de que su padre, había llegado del trabajo. Hacía dos semanas que le habían comprado el videojuego y quería enseñarle cómo, habilidoso y avispado, había llegado al final. De eso hace ya mucho tiempo. Pero Jon Cortazar, de 31 años, tiene grabado aquel día en su disco duro. Quizá porque sus padres tardaron mucho en ceder y comprarles a él y sus hermanos sus primeros pasatiempos para ordenador. Quizá porque ese momento ha marcado en cierta manera lo que es ahora su vida. Jon es publicista, coleccionista de ordenadores y videoconsolas antiguas y, en su tiempo libre, programador de videojuegos retro.
Sus padres le inculcaron desde pequeño que el ordenador no era sólo para jugar. "Desde que nos compraron el MSX nos enseñaron que debíamos usarlo para estudiar. Programábamos, jugábamos con sus tripas...", recuerda el joven publicista. Dicen que la infancia marca nuestra vida. En este caso más aún ya que Jon comenzó a interesarse por el mundo del diseño. No fue hasta el año 2002 cuando a través de internet, comenzó a buscar información acerca de su primer y viejo ordenador.
"Me sorprendió muchísimo la cantidad de cosas que encontré en la red", asegura. Boquiabierto, no daba crédito a que, en lugares cómo Madrid o Barcelona, hubiese grupos de gente que organizasen ferias sobre los primeros ordenadores de mesa. MSX, Spectrum, Amstrad, Sharp... Seguían vivos. Aún latían. Entonces, cogió el coche y fue a Madrid. "Eso fue la revolución. Llegué a RetroMadrid y empecé a ver todo lo que tuve de pequeño: ordenadores, juegos... y encima descubrí que sacaban nuevos títulos", cuenta aún emocionado a pesar de haber pasado ya siete años de ese pequeño viaje de regreso a su niñez.
Una vez en Bilbao, con la publicidad entre manos y la nostalgia en el corazón, decidió dejar de ser un mero buscador de juegos retro por la red y comenzar a programarlos él mismo.
Dejó a un lado la nueva tecnología y recuperó el píxel. Y desde 2003 no ha parado de programar juegos para el sistema retro, sobre todo para MSX y Spectrum. Juego a juego fue evolucionando. Dibujo a dibujo. Píxel a Píxel. Hasta que, y tras unos 13 títulos, ha sacado al mercado La corona encantada. Su obra maestra. La ñaña de sus ojos.
Al hablar del proyecto se le ilumina la cara. Jon saca entonces de su bolsa dos cajas iguales. Las abre con cuidado. Son su tesoro. En el interior, una cinta de casette para Spectrum y un cartucho para MSX. En la contraportada, se vislumbra una dedicatoria. Para Jon... La firma es lo que hace especial esos ejemplares. Alfonso Aizpiri. El ilustrador de carátulas de los videojuegos de los años 80. "Contacté con Aizpiri y pensaba que, como es muy conocido a nivel europeo, no me iba a hacer caso. Pero qué va. Fue muy abierto y profesional. Estaba muy ilusionado y finalmente nos hizo la portada", narra.
Pero eso sólo fue una parte de todo el proceso de creación que comenzó, junto a su equipo, en septiembre de 2008. Unos siete meses y un número incalculable de horas de ocio invertidas en el proyecto después, La corona encantada vio la luz en la feria RetroMadrid de este año. "Fue la bomba. Nunca antes habían visto en esa feria una cola como la que se formó cuando Aizpiri se puso a firmar ejemplares de los videojuegos", recuerda Jon. "No le dejaron si parar para fumarse un cigarro", recalca.
las dificultades Al año, a nivel internacional, salen al mercado unos cincuenta juegos retro. "A esto se juega en todas partes, no somos los únicos. No hemos inventado nada", señala Jon. A pesar de esto, y salvadas las complicaciones técnicas, se encontraron alguna que otra dificultad para sacar el proyecto adelante. "Hay muchos juegos, pero lo que no existen son juegos al nivel de éste. Hemos dado un salto más allá. Hemos querido ponernos de pie y decir: en el videojuego retro se hacen cosas muy buenas. Ahora espero que más gente puede unirse al carro y salgan más cosas de este tipo", suelta a modo de discurso mientras califica su trabajo como una "superproducción retro". Algo quizá un poco ambicioso pero que en el fondo, no deja de ser verdad.
Jon es consciente de lo que hace. "No creo que se pueda vivir de esto" asegura. Vende sus juegos a través de la web -relevovideogames.com-, con una descarga gratuita o en caja, para los coleccionistas y los más nostálgicos, a 19,95 euros el juego para MSX y a 14,95 el de Spectrum. Precios que no tienen nada que ver con los de los 80 -cada juego rondaba las 7.000 pesetas- ni con los videojuegos para consolas de última generación como la Wii o la Play Station 3, que no cuestan menos de 50 euros. Los beneficios que sacan con las ventas les dan justo para pagar los gastos "y poco más", apunta Jon. Aún así, sigue a pie del cañón. "Ya tenemos entre manos un nuevo proyecto, más ambicioso aún que éste", adelanta. Quiere presentarlo de nuevo en RetroMadrid, el templo del mundo retro, el año que viene. "El problema son los plazos, a ver si llegamos a tiempo porque es lo de siempre, aunque es un hobby, le tengo demasiado aprecio como para quedarme noches sin dormir, pero cuando lo ves acabado, merece la pena", explica.
volver a la infancia Jon invita a viajar a la infancia. A cerrar los ojos y dejarse llevar por los recuerdos. A dejar libre la imaginación mientras se recorren las pantallas de esos juegos retro de tan sólo 48 Ks. "Estos juegos no tienen apenas detalles, casi el 100% del juego era tu imaginación de cuando eras niño", dice. Un mundo totalmente opuesto al que conocen los niños de hoy, que tienen juegos tan reales que parece que los que están dentro de la pantalla son ellos mismos.
Se considera un friki, siempre y cuando con ese término se refieran a "un especialista en algo concreto y que es aficionado o amante de ese hobby o afición". En su trabajo le apoyan. "Mi socio siempre me dice que algún día, si gano mucho dinero, quiere una parte". Y su familia está orgullosa. Tanto como aquel padre que una noche, al llegar del trabajo, cansado, hizo un esfuerzo por ver como su hijo acababa su primer videojuego.
Gracias por su comentario
¡Hecho!

Recibirás un e-mail para confirmar tu registro.
Enseguida te devolvemos a la página en la que estabas donde verás tu comentario publicado
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad